Grupo Serca Automoción

Víctor García

Víctor García

compartir

Comentario sobre:

SPG Talleres

Víctor García

SPG de nacimiento

Volver

El gerente de Aranvi es Víctor García (35 años), pero él no es el único protagonista de esta historia. Lo es también Arancha, su mujer. Y es que de no ser por ella Aranvi no tendría historia que contar. Quizá ni existiría.

No al menos con ese nombre (‘Aran’, de Arancha; y ‘Vi’, de Víctor). Ni en Ávila. Fue por ella que en 2001 Víctor dejó su localidad natal, Móstoles, para poner rumbo a una nueva ciudad donde trece años después, en 2014, pondría en marcha su propio negocio. Ella no trabaja con él, “pero es el pilar fundamental de todo esto”. Hoy sonríe, pero hubo momentos para todo. Todo empezó teniendo él apenas 14 años... 

La nave de 250 metros cuadrados donde Víctor puso en marcha Aranvi está a quince minutos del centro de Ávila andando. Un enclave privilegiado, en un polígono donde por otro lado tiene un gran nivel de competencia (“aquí está todo el mundo”), donde al llegar encontramos a las otras dos personas que forman parte del equipo de Aranvi. ‘¿Víctor?’ A su lado está Francisco García (Paco), gerente de Dagabo, socio de Serca en Ávila, con el que se nota que tiene una gran complicidad. 

Víctor se confiesa un amante “de los motores”. De ahí le viene la pasión por el oficio: “Mi primo tenía un taller mecánico en Móstoles. Un servicio oficial Citroën. Con catorce años me escapaba del colegio para ir al taller a echarle una mano”. Hacía ‘pellas’, ‘novillos’ o como quiera que se diga según la zona, para ponerse el mono: “Era lo que a mí me gustaba, me ponía el mono y me ponía a trabajar”. Tan claro lo tenía que con 16 años habló con su padre: “Le dije que no me gustaba estudiar, que lo que yo quería era trabajar en en el taller. Con mi primo. Y no hubo más que hablar”. 

Y es que era tanta la pasión que sentía por el motor que con 18 años participó incluso como mecánico de un equipo en la Copa Hyundai de rallies: “Mi misión era tener el coche preparado para el piloto. Eran unos vecinos míos de Móstoles, Javier y Pedro Encina. Amigos de mi primo. Los fines de semana me iba con ellos. Dormía hasta en el circuito. Había equipos que llevaban cuatro o cinco mecánicos; yo iba solo, pero me apañaba perfectamente. Me encantaba”.

De los 14 a los 20 aprendió todo lo necesario para iniciar la etapa que a la postre resultaría decisiva en su vida. Y es que cuando en 2001 marchó a Ávila para estar con la que hoy es su mujer, ya estaba preparado para dar un salto como el que aquel suponía. El día a día en el taller de su primo y los cursos que había realizado le habían servido de formación suficiente. 

Con sus tiernos 20 años viajó hasta Ávila. Allí le esperaba otra vida. Trabajó en muchos talleres antes de montar el suyo. Negocios multimarca, grandes y pequeños, y en servicios oficiales de marcas como Fiat. El último paso antes del definitivo fue el que le llevó a ser jefe de taller en un servicio Opel... pero antes de aquel hubo otro que le marcaría para siempre. Lo explica el propio Víctor: 

“En el año 2008, ya con bastante experiencia y después de haber dado muchas vueltas, monté un taller con un hermano mío. Pero la cosa salió fatal” 

Aunque el problema no fue por la falta de trabajo: “Hubo muchas cosas que se hicieron mal a nivel de gestión, de toma de decisiones... Fue difícil”. Aquello generó una situación realmente complicada que le tocó en lo personal: “Las deudas eran tan grandes que tuvimos que cerrar. Pero no acabó ahí. Tuve que vender mi coche y mi casa para pagar a todo el mundo y seguir adelante. No quería deber nada a nadie”.

Con las cuentas saldadas y con la cabeza alta empezó de cero. Aquello le serviría para aprender de los errores que en una siguiente etapa se prometió a él mismo no volver a repetir... Y de nuevo, a la aventura De aquella situación, Paco, que así llama Víctor García al gerente de Dagabo, fue plenamente consciente. Ya tenían relación, pero entonces sólo como cliente-proveedor. Nada personal. “Paco me ayudó mucho. Más de lo normal”, afirma Víctor, “me echó un cable enorme porque sabía de la situación. Y lo hizo a nivel económico, moral... No me falló. Es alguien en quien sé que puedo confiar. Le estaré agradecido siempre. Fue muy difícil y él estuvo para apoyarme”.

Desde entonces no hay otra opción para Víctor que la de trabajar con Dagabo:“Después de esto me fichó un servicio

Opel para ser su jefe de taller. Ellos trabajaban con otra tienda de recambios, pero fue llegar yo y convertirse Dagabo en nuestro único proveedor”. Aunque no sólo hay amistad en esa confianza que Víctor deposita en el distribuidor abulense:

 “Somos amigos, pero influyen muchas cosas más. Tienen un servicio de primer nivel y el trato con el taller es el más profesional, con diferencia. Por no hablar de la calidad de sus marcas”.

En Opel estuvo seis años más, pero la idea de poner en marcha un taller propio no se le había quitado de la cabeza. En 2014, con la que estaba cayendo, se tiró a la piscina. Y lo hizo, ahora sí, siendo él el único socio: “Cuando peor estaban las cosas creí que era cuando más fácil era hacer algo diferente. Busqué la nave, hablé con mi mujer, con Paco, y tiré con ello...”. Y sigue, hablando de los motivos que le impulsaron a lanzarse a la aventura: “Había días

que estaba en el taller hasta las once de la noche, teníamos mucho trabajo, la clientela me conocía... Pensé que era mejor hacerlo para mí que para otro”. Y así fue.

SPG de nacimiento

Le contó a Francisco García lo que tenía en mente: “Yo tenía claro que saldría bien”, comenta el distribuidor. Pero la mujer de Víctor, Arancha, no lo tenía tan claro: “Me decía que estaba loco. Con un trabajo fijo y la que estaba cayendo. Con dos hijos por entonces (hoy son tres), una hipoteca...”, recuerda Víctor sonriendo. Su proveedor toma de nuevo la palabra: “Ella estaba asustada y es normal. Habló también conmigo y le dije: ‘Vamos a ver, tu marido no es ajeno al sector, sabe lo que hace. No se va a equivocar, sabe lo que quiere, está ya muy lidiado...”. Y Víctor sentencia: “Una vez que vio que no había marcha atrás fue conmigo a por todas. Debió pensar que si yo me lanzaba ella venía conmigo, pasara lo que pasara”. Hoy confiesa que sin su apoyo nada de esto hubiera sido posible: “Llegar a casa y contar con ella es fundamental. Mi mujer y mis tres hijos son el pilar, por los que trabajo; eso lo tengo muy claro”.

Aranvi arrancó en la misma nave que ocupa hoy en día. Un espacio de 250 metros cuadrados, que tanto Víctor como su padre veían enorme (“me decía: ‘Víctor, ¿cómo vas a hacer para llenar este espacio?), ubicado en un polígono donde la competencia es tremenda. Sólo hay que dar un paseo por la zona para ver la cantidad de talleres que conviven en apenas unos metros. Pero Víctor tenía claro cómo diferenciarse: “Desde que tuve la idea de montar el taller supe que quería ser SPG. Ya nos habían presentado la red cuando estuvimos en el anterior taller y en Ávila no había ningún miembro. Tenía claro que ese sería un punto que nos diferenciaría: algo novedoso y respaldado por un gran grupo”. Tan claro lo tenía y tanta confianza tenía en él su proveedor que prácticamente fue miembro de la red antes de abrir. De nacimiento. Aunque no sería sólo eso lo que les diferenciaría. Siempre supo que enfocaría su estrategia en un gran trato con el cliente. Eso marcaría la diferencia:

“Es importante que desarrolles también tu faceta más comercial, que expliques los detalles de la factura, que argumentes las operaciones... Eso al final es confianza y a la larga fideliza”. Y sigue:

 “Se trata también de solucionar los problemas de tu cliente; yo aquí no tengo máquina de paralelos, por ejemplo, sin embargo, si alguien me dice que quiere hacer el paralelo le digo que lo traiga, ya luego me busco yo la vida. El cliente tiene que ver en ti casi un asesor para su vehículo”.

Y aún más. Pone un ejemplo: “Hay que ganarse al cliente. Si a mí Paco (Francisco García), por poner un ejemplo, me hace un 20% de descuento en un producto, yo a mi cliente le hago el 10%.”

 “No hay que mirar tanto el margen, lo importante es fidelizar al cliente. Que vuelvan a tu taller”.

Su proveedor asiente: “Sin duda Víctor marca la diferencia en ese trato con el cliente. Lo ve todo con proyección; no se queda en reparar y se acabó”.

 Referencia en Ávila 

En aquel momento lo tuvo claro.“Era ahora o nunca”, afirma. Hasta que, por fin, se pusieron en marcha: “Los clientes que me conocían de mi etapa en Opel empezaron a venir desde el principio. La primera semana teníamos ya el taller completo”. Ahí el agobio empezó a venir por otras cosas: “Tanto trabajo, tanto papel, tanto que gestionar...”. Y sigue: “Luego empezamos además a firmar acuerdos con empresas para que nos trajeran sus flotas... Hoy tenemos el taller siempre hasta la bandera”. Es él quien ocupa ahora la parte de gerencia (“la más administrativa, de comprar, de gestión de los clientes”), si bien, no duda en ponerse el mono si la situación lo requiere. Le gusta. Y tan bien le van las cosas que ya piensa en ampliar el negocio: “No me entran todos los coches en el taller. Tenemos lista de espera. Por eso estoy ya buscando una nueva nave, bastante más grande que esta, para crecer hasta convertirnos en el taller de referencia en Ávila”. “Eso es lo siguiente”, afirma rotundo.

 “No todo vale” 

“Lo que menos me gusta de nuestro oficio hoy en día es la cantidad de dificultades económicas que tienen nuestros clientes. Si es una reparación pequeña puedes financiarles tú mismo, pero cuando es una operación importante no puedes hacerlo. Y es un hándicap, porque a veces les conoces, son amigos... Con la red SPG tenemos una herramienta de financiación, pero en ocasiones la gente no tiene ni nómina con la que hacer el contrato”, explica Víctor García. Otra de las dificultades que Víctor asume afrontar en el taller tiene que ver con la información que hoy manejan los usuarios:  

“Con internet todo es más complicado. Los usuarios buscan, comparan y luego llegan al taller buscando algo bueno, bonito, barato e inmediato.” 

Hay que explicarles, pero no siempre es fácil. Comprar piezas en internet no es sencillo, yo se lo explico a mis clientes: ‘Si me traes una pieza yo te la monto, pero si no es la referencia te cobro el tiempo que esté el coche en el taller...”. Y aún más: “¿Y si tienes un problema de garantía?”, se pregunta, “y hay quien lo entiende; pero también hay muchos otros que no”. Por eso, según explica Víctor, la clave está en ser capaz de elegir un tipo de clientela:

“Al principio me valía cualquier cliente que viniera, pero el tiempo me ha enseñado que no es así. Tienes que trabajar con clientes que entiendan tu  trabajo. No todo vale”.

“Aquí no entra otro recambista” 

En la historia de Aranvi el papel de Dagabo es clave. El apoyo que Francisco García, gerente del distribuidor abulense socio de Serca, dio a Víctor García en los momentos complicados hizo que entre ellos dos se creara una gran amistad. Un soporte que el distribuidor mantuvo también cuando Víctor García puso en marcha Aranvi: “Nos han echado una mano en muchas cosas: consejos, herramientas, financiación... Fueron fundamentales en los comienzos. Por eso, al taller, como es lógico, vienen todos los días otras tiendas a ofrecerse, pero aquí te aseguro que no entra otro recambista más que Dagabo. Puedes mirar los albaranes...”, dice sonriendo.

Y continúa: “Tienen un nivel de compromiso como ningún otro en esta ciudad; contar con un proveedor como ellos supone un apoyo muy importante para un negocio como el nuestro”.

Víctor García | Gerente de Aranvi Motor

27 de Enero de 2017