¿Qué va a pasar con Noruega?

Noruega se pone a menudo como ejemplo de transición acelerada al mundo del automóvil eléctrico, a pesar del clima: En diciembre de 2022 la tasa de penetración de eléctricos nuevos llegó al impresionante 84% (diciembre de 2022). Por todo ello, estamos ante un auténtico «laboratorio a tamaño natural» de una hipotética transición al automóvil eléctrico. Mirar a Noruega es mirar al futuro. Y el futuro en Noruega se ha puesto realmente «interesante» este 2023. Un factor totalmente imprevisto y desestabilizador acaba de llegar. Un factor ante el que estamos todavía muy lejos, pero también llegará: El fin de los incentivos fiscales para la compra de coches eléctricos. Poco a poco, según aumenta la oferta y bajan los precios, van eliminándose las ayudas. Llegará. Noruega ha aumentado exponencialmente la venta de eléctricos no por una querencia especial de sus ciudadanos a esta tecnología, ni tampoco por subvenciones: Han sido las ventajas fiscales las que hacían que comprar un eléctrico fuera mucho más barato (no tenía IVA), además de otras muchas contraprestaciones (aparcamientos, peajes, circulación, carga, impuestos municipales) las que disuadían de comprar combustión, coche más caro y menos atractivo. Noruega no ha dado dinero por el coche eléctrico. Ha hecho una discriminación positiva al VE. Lo ha convertido en una ventaja fiscal. Los noruegos, con altos salarios, podían adquirir eléctricos, caros, a menor precio que térmicos equivalentes. Y lo han hecho. Pero hete aquí que esta política fiscal favorable ha supuesto un agujero (siempre medido y controlado) en la recaudación que, llegados al nivel de incertidumbre del mundo actual, han decidido frenar. Diciembre de 2022 ha marcado el fin de una etapa y ahora llega otra: – Fin de la eliminación del IVA (25%) en la compra de un VE. – Nuevo impuesto según el peso de los coches, que afecta negativamente al VE (quédense con esto, también llegó a Francia, y llegará aquí antes que tarde). Esta medida ha provocado una convulsión total en las ventas: – La cifra de ventas de coches nuevos en enero de 2023 se ha desplomado un espectacular 76%. El peor dato desde…1962. – La cuota del coche eléctrico ha variado del 84% en el frenético diciembre de 2022, a un 66% en el paupérrimo enero de 2023. Conclusión: Los Noruegos están de resaca fiscal total. Han dejado de comprar coches. ¡Y los coches eléctricos siguen siendo mayoría en las compras aún y con la pérdida de ventajas fiscales! Pero ojo: Las ventas de inicio de año todavía están influenciadas por los pedidos de 2022, cuando la gente todavía compraba coches eléctricos con la esperanza de que llegaran antes de fin de año. La gran incógnita es saber cómo terminará la tasa de penetración del coche eléctrico en  Noruega a final de 2023, cuando se corrija este factor. Tendremos entonces una medida interesantísima de cuánta querencia real hay al eléctrico en el país y cuánta fue ficticia  ¿Qué pasará entonces?  

Noruega se pone a menudo como ejemplo de transición acelerada al mundo del automóvil eléctrico, a pesar del clima: En diciembre de 2022 la tasa de penetración de eléctricos nuevos llegó al impresionante 84% (diciembre de 2022). Por todo ello, estamos ante un auténtico «laboratorio a tamaño natural» de una hipotética transición al automóvil eléctrico. Mirar a Noruega es mirar al futuro. Y el futuro en Noruega se ha puesto realmente «interesante» este 2023. Un factor totalmente imprevisto y desestabilizador acaba de llegar. Un factor ante el que estamos todavía muy lejos, pero también llegará: El fin de los incentivos fiscales para la compra de coches eléctricos. Poco a poco, según aumenta la oferta y bajan los precios, van eliminándose las ayudas. Llegará. Noruega ha aumentado exponencialmente la venta de eléctricos no por una querencia especial de sus ciudadanos a esta tecnología, ni tampoco por subvenciones: Han sido las ventajas fiscales las que hacían que comprar un eléctrico fuera mucho más barato (no tenía IVA), además de otras muchas contraprestaciones (aparcamientos, peajes, circulación, carga, impuestos municipales) las que disuadían de comprar combustión, coche más caro y menos atractivo. Noruega no ha dado dinero por el coche eléctrico. Ha hecho una discriminación positiva al VE. Lo ha convertido en una ventaja fiscal. Los noruegos, con altos salarios, podían adquirir eléctricos, caros, a menor precio que térmicos equivalentes. Y lo han hecho. Pero hete aquí que esta política fiscal favorable ha supuesto un agujero (siempre medido y controlado) en la recaudación que, llegados al nivel de incertidumbre del mundo actual, han decidido frenar. Diciembre de 2022 ha marcado el fin de una etapa y ahora llega otra: – Fin de la eliminación del IVA (25%) en la compra de un VE. – Nuevo impuesto según el peso de los coches, que afecta negativamente al VE (quédense con esto, también llegó a Francia, y llegará aquí antes que tarde). Esta medida ha provocado una convulsión total en las ventas: – La cifra de ventas de coches nuevos en enero de 2023 se ha desplomado un espectacular 76%. El peor dato desde…1962. – La cuota del coche eléctrico ha variado del 84% en el frenético diciembre de 2022, a un 66% en el paupérrimo enero de 2023. Conclusión: Los Noruegos están de resaca fiscal total. Han dejado de comprar coches. ¡Y los coches eléctricos siguen siendo mayoría en las compras aún y con la pérdida de ventajas fiscales! Pero ojo: Las ventas de inicio de año todavía están influenciadas por los pedidos de 2022, cuando la gente todavía compraba coches eléctricos con la esperanza de que llegaran antes de fin de año. La gran incógnita es saber cómo terminará la tasa de penetración del coche eléctrico en  Noruega a final de 2023, cuando se corrija este factor. Tendremos entonces una medida interesantísima de cuánta querencia real hay al eléctrico en el país y cuánta fue ficticia  ¿Qué pasará entonces?