UN DÍA CUALQUIERA EN 2030 Un ciudadano cualquiera, como usted y como yo, baja al garaje de su casa, donde tiene aparcado su coche eléctrico. Su coche eléctrico, porque hace apenas dos semanas que cambió de automóvil, algo que suele hacer de 3 a veces al año, gracias al servicio de suscripción que paga (y desgrava) la empresa que regenta junto a su esposa. Una cuota mensual, y coche nuevo siempre que lo desee. Estamos en pleno invierno y se levanta muy temprano para salir de viaje. Hay niebla y hielo, por lo que la noche anterior programó la calefacción de su automóvil para que le reciba a la temperatura óptima. Activa en la pantalla del coche el sistema antiniebla, las luces de largo alcance con mal tiempo y la tracción 4×4. Una ligera llovizna presagia nieve. Esta suscripción a sistemas de seguridad para el viaje al aeropuerto le costar 3,99, pero le ayudará a ir más seguro y relajado al aeropuerto. Hace ya tiempo que los extras en los coches dejaron de comprarse. Ahora los extras se alquilan y activan por jornadas. Una vez el coche se haya quedado aparcado, estas funciones se desactivarán hasta Nuevo pago. De camino al aeropuerto lee la prensa y los correos. Conduce, o mejor dicho le conducen, un coche con nivel 3 de conducción autónoma que permite desatender la conducción, si algo malo ocurriera siempre tendrá 15 segundos hasta que tenga que retomar el control, tiempo de sobra para dejar la tablet sobre el asiento del ocupante. De camino al aeropuerto, el Sistema V2x de comunicación con el tráfico y la infraestructura le guía sin siquiera enterarse fuera de las zonas con placas de hielo y los atascos de primera hora de la mañana que se forman en determinadas zonas. Al llegar al aeropuerto, un aparcacoches previamente contratado por la APP le espera para guardarlo a buen recaudo mientras nuestro amigo sigue escuchando el nuevo tema de su artista favorito que empezó a oír en Spotify, unos minutos atrás. En la pantalla de información del automóvil se le indica que el vuelo tiene 20 minutos de retraso, y que su servicio de suscripción a la zona VIP del aeropuerto le permite tomar algo mientras se resuelve la incidencia. Esto, que podría ser ciencia ficción, será la normalidad en apenas 10 años a la hora de usar automóviles. La nueva normalidad que va a imponer la industria nos trae coches conectados, en los que la venta y propiedad del mismo es el menor de los servicios de valor añadido que se pueden obtener. La industria del automóvil pelea por convertirse en industria de datos y servicios, potenciada por el desarrollo de software y hardware de telecomunicaciones que lo haga posible. En 10 años, el 50% del beneficio obtenido por los fabricantes de coches va a provenir de estas fuentes no convencionales a día de hoy, según las previsiones que estiman la mayoría de marcas que están en la pomada del mercado. No es un hecho aislado, es una realidad, y en esta dirección están orientando todas las cuantiosas inversiones que realizan: Basta decir que Volkswagen gasta muchísimos más miles de millones, como 50.000 en los próximos 10 años sólo en software, más que en sistemas de propulsión, baterías aparte. ¿Cómo va a impactar todo esto a la industria de la posventa? ¿Qué lecciones y aprendizajes se pueden extraer? ¿Cuáles son los elementos de crecimiento basados en nuevos modelos de negocio y valor añadido que hay alrededor? ¿Qué podemos extraer? ¿En qué direcciones está orientando la posventa sus servicios basándose en la tecnología? ¿Qué oportunidades ofrece el sector, que el sector va a despreciar porque no acaba de comprender las tecnologías que las gobiernan? Son preguntas que según quién y cómo se las plantee, pueden sonar esperanzadoras o inquietantes. La industria del automóvil va a dejar de ser lo que era. La forma de vender los coches y generar valor a su alrededor, también. El radical cambio que se avecina, formalizado estos días por el anuncio del grupo Stellantis de la rescisión de todos los contratos de su red de concesionarios, es la prueba palpable de que el futuro ya está aquí y de que todo esto no son delirios, ni una broma. Si les parece, hablaremos de ello y de lo que viene largo y tendido en próximos artículos.
UN DÍA CUALQUIERA EN 2030 | Un artículo de Juan Francisco Calero
UN DÍA CUALQUIERA EN 2030 Un ciudadano cualquiera, como usted y como yo, baja al garaje de su casa, donde tiene aparcado su coche eléctrico. Su coche eléctrico, porque hace apenas dos semanas que cambió de automóvil, algo que suele hacer de 3 a veces al año, gracias al servicio de suscripción que paga (y desgrava) la empresa que regenta junto a su esposa. Una cuota mensual, y coche nuevo siempre que lo desee. Estamos en pleno invierno y se levanta muy temprano para salir de viaje. Hay niebla y hielo, por lo que la noche anterior programó la calefacción de su automóvil para que le reciba a la temperatura óptima. Activa en la pantalla del coche el sistema antiniebla, las luces de largo alcance con mal tiempo y la tracción 4×4. Una ligera llovizna presagia nieve. Esta suscripción a sistemas de seguridad para el viaje al aeropuerto le costar 3,99, pero le ayudará a ir más seguro y relajado al aeropuerto. Hace ya tiempo que los extras en los coches dejaron de comprarse. Ahora los extras se alquilan y activan por jornadas. Una vez el coche se haya quedado aparcado, estas funciones se desactivarán hasta Nuevo pago. De camino al aeropuerto lee la prensa y los correos. Conduce, o mejor dicho le conducen, un coche con nivel 3 de conducción autónoma que permite desatender la conducción, si algo malo ocurriera siempre tendrá 15 segundos hasta que tenga que retomar el control, tiempo de sobra para dejar la tablet sobre el asiento del ocupante. De camino al aeropuerto, el Sistema V2x de comunicación con el tráfico y la infraestructura le guía sin siquiera enterarse fuera de las zonas con placas de hielo y los atascos de primera hora de la mañana que se forman en determinadas zonas. Al llegar al aeropuerto, un aparcacoches previamente contratado por la APP le espera para guardarlo a buen recaudo mientras nuestro amigo sigue escuchando el nuevo tema de su artista favorito que empezó a oír en Spotify, unos minutos atrás. En la pantalla de información del automóvil se le indica que el vuelo tiene 20 minutos de retraso, y que su servicio de suscripción a la zona VIP del aeropuerto le permite tomar algo mientras se resuelve la incidencia. Esto, que podría ser ciencia ficción, será la normalidad en apenas 10 años a la hora de usar automóviles. La nueva normalidad que va a imponer la industria nos trae coches conectados, en los que la venta y propiedad del mismo es el menor de los servicios de valor añadido que se pueden obtener. La industria del automóvil pelea por convertirse en industria de datos y servicios, potenciada por el desarrollo de software y hardware de telecomunicaciones que lo haga posible. En 10 años, el 50% del beneficio obtenido por los fabricantes de coches va a provenir de estas fuentes no convencionales a día de hoy, según las previsiones que estiman la mayoría de marcas que están en la pomada del mercado. No es un hecho aislado, es una realidad, y en esta dirección están orientando todas las cuantiosas inversiones que realizan: Basta decir que Volkswagen gasta muchísimos más miles de millones, como 50.000 en los próximos 10 años sólo en software, más que en sistemas de propulsión, baterías aparte. ¿Cómo va a impactar todo esto a la industria de la posventa? ¿Qué lecciones y aprendizajes se pueden extraer? ¿Cuáles son los elementos de crecimiento basados en nuevos modelos de negocio y valor añadido que hay alrededor? ¿Qué podemos extraer? ¿En qué direcciones está orientando la posventa sus servicios basándose en la tecnología? ¿Qué oportunidades ofrece el sector, que el sector va a despreciar porque no acaba de comprender las tecnologías que las gobiernan? Son preguntas que según quién y cómo se las plantee, pueden sonar esperanzadoras o inquietantes. La industria del automóvil va a dejar de ser lo que era. La forma de vender los coches y generar valor a su alrededor, también. El radical cambio que se avecina, formalizado estos días por el anuncio del grupo Stellantis de la rescisión de todos los contratos de su red de concesionarios, es la prueba palpable de que el futuro ya está aquí y de que todo esto no son delirios, ni una broma. Si les parece, hablaremos de ello y de lo que viene largo y tendido en próximos artículos.